Son las 18:56 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, o normalmente a lo que yo le llamo hogar. La ciudad es mi lugar en el mundo, es donde vivo, trabajo y existo. Aquí también tengo a mis amistades, mis restaurants favoritos, mis mascotas y gran parte de mi familia.
Estoy despierta desde las 5:00 en la madrugada.
El motivo es que hoy tenía que sacarme sangre y como una de las cosas que debía chequearme es la prolactina, requería que estuviera despierta tres horas antes del sacado de sangre. Así que con trece horas de ayuno y despierta desde las 5, comenzó mi día.
Me desperté a las 5 y para no molestar a mi pareja, salí del cuarto despacito sin hacer ruido y me fuí al living. Entraba mucho frío por el ventanal. Como soy bastante friolenta siempre tengo un par de mantillas en el sofa para taparme cuando estoy codeando desde mi laptop, mirando una pelicula con mi pareja, o leyendo un libro.
Tenía mucho hambre, pero no podía comer nada. Finalmente a las 6:30 comencé a arreglarme y cuando estuve lista, le preparé un café a mi pareja y le avise que se levante a desayunar. Me iba a acompañar al hospital por que siempre me da miedo que me saquen sangre, no importa mi edad.
Por suerte la salud pública en Argentina sigue siendo mejor que la salud privada, es algo que me genera muchísimo orgullo. A las 7:30 llegué al hospital para validar mi turno y a las 8:05 me sentaron en el laboratorio para hacer la extracción. Luego fuimos a desayunar y me pedí un croissant relleno de jamón y queso, tostado, y huevos revueltos con un latte.
Mi pareja no tenía tanta hambre (había desayunado a las 7) así que sólo se tomó un café.
Luego me fuí a mi oficina y tenía miedo de sentirme mal por que siempre me deja un poco mareada la extracción sumada a la falta de sueño. Y supongo que son cosas propias de la edad.
Nunca tuve eso que llaman “La crisis de los 40”, quizás por que soy bastante afortunada. Aun no me salió ni una sola cana (No se como le dirán en sus regiones a las canas, pero son los cabellos que salen muertos y se ven de color blanco) bueno, tengo casi 42 y aun no me ha salido ninguna.
Pero por más que mi vida ha sido mayormente sana y no he consumido nunca ni drogas y poco y nada de alcohol, el paso del tiempo si se siente un poco en el cuerpo, o puesto de mejor forma: El mantenimiento que hay que hacerle al cuerpo a esta edad es cada vez más frecuente.
No tengo recuerdos de ir tan seguido a la masajista para eliminar los dolores de espalda, o al dentista para intentar mantener mis dientes sanos y en el lugar correcto, o ir al hospital a hacerme tantos chequeos medicos con regularidad. Supongo que con el tiempo una termina adoptando esta rutina y se vuelve parte de lo cotidiano, pero sin dudas causa reajustes de agenda.
Supongo que lo más agotador de mi rutina son los días que me toca ir a trabajar de manera presencial. No me quejo, tengo un hermoso trabajo y eso, en un contexto como el actual, es una bendición enorme, e inclusive no me molesta estar en mi oficina, lo que me molesta es el viaje. Y si puedo ser más específica, lo que realmente me molesta es lo mal que se viaja.
Por que no es sólo viajar, es llegar a la estación del subte e intentar conseguir un asiento, caminar, caminar, caminar, y los dias de lluvia a veces llegar con los zapatos humedos a la oficina,